5 de julio

La relación entre los humanos es un tejido trenzado por muchos hilos. Genes, coincidencias, amores, tradiciones, simpatías, obligaciones y todos los etcéteras que quieras añadir.

Las circunstancias comunes aproximan a los humanos, pero lo que realmente nos une es la credibilidad.

La credibilidad es el cemento de la relación. Y cuando se pierde, sólo queda, en el mejor de los casos, el peso y la presión de la conveniencia.

La credibilidad da seguridad puntual y tranquilidad permanente, dos hechos que en un mundo taquicárdico son bálsamo para las neuronas.

La credibilidad no es superflua, ni moderna, ni antigua. Se gana por la solvencia, por el saber ser y cumplir; por no jugar, ni regatear, ni negar lo comprometido o lo dicho. Es, como tan bien definían los antiguos, estar hechos de una sola pieza.

En un entorno de conveniencias galopantes, a veces actuamos sin ser conscientes de que tomamos posiciones que corroen la credibilidad. El egoísmo, el interés táctico puntual, la falta de un compromiso profundamente humano, útil y pacífico con el largo plazo, hace que se pierda la credibilidad entre las parejas, las amistades e incluso las ideologías.

En toda relación, la pasión es la fiebre del descubrimiento, y la credibilidad, el clima perfecto para la permanencia.

Lo bueno para unos, y quizás lo pesado para otros, es que la credibilidad es una planta muy delicada. Cuando no la riegas, se marchita.

@Angela_Becerra_ 

 

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